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Contamos con varios talleres dirigidos tanto a niños como adultos, en los que trataremos la estimulación cognitiva y la gestión emocional.
Cada vez son más frecuentes los problemas de salud mental entre la población infantil y juvenil, por lo que debemos estar pendientes de los signos de alarma que presentan nuestros hijos e hijas para poder brindarles el apoyo que necesitan en cada momento y esto incluye pedir ayuda a profesionales de la psicología cuando consideremos que el problema se escapa a nuestro control. A los pequeños les suele costar más expresar con palabras lo que les pasa y por eso puede llegar a ser más frustrante intentar averiguar qué les ocurre. Consideramos que los niños y niñas para su mejora necesitan mucha más cercanía que los adultos, juego físico y material manipulativo, por lo que para ellos no ofrecemos terapia online de forma continuada, únicamente presencial en nuestro centro. Sin embargo, el caso de los adolescentes es diferente, ya que se manejan bastante mejor con las nuevas tecnologías y se podría sacar un provecho pleno al trabajar con ellos también a través de la terapia online.
Las problemáticas que podemos tratar en población infantil y juvenil son:
Los trastornos de conducta infantiles son aquellos problemas que tienen algunos niños cuando presentan dificultades para cumplir las normas que la mayoría de los niños aceptan.
Algunas de las conductas que pueden presentar estos niños son:
– Rabietas frecuentes y severas.
– Agresividad y conductas destructivas.
– Contestar mal a los adultos.
– Negarse a cumplir con sus obligaciones diarias.
– Mentir constantemente.
– Exceso de ira y uso de palabras malsonantes
En la infancia son muy comunes los miedos a la oscuridad, a los bichos o a la separación de las figuras de apego, pero hay algunos casos en los que dichos miedos llegan a resultar paralizantes e impiden a los pequeños realizar ciertas conductas que deberían hacer sin dificultad. Aquí entran en juego también las inseguridades más propias de la adolescencia, que les incapacitan para tomar decisiones o para enfrentarse a situaciones por miedo a lo que pueda pasar o a lo que puedan opinar los demás de él o ella.
Aquí os mostramos algunos síntomas que os ayudarán a reconocer en qué momentos sería recomendable pedir ayuda a un profesional debido a los miedos e inseguridades en tu hijo o hija:
– Dejan de hacer cosas o de ir a sitios que antes les gustaban.
– Pierden oportunidades por no decidirse pronto.
– Problemas para dormir y a veces con pesadillas.
– Baja autoestima.
– Frustraciones frecuentes e intensas.
– Aislamiento social.
– Sentimientos frecuentes de tristeza.
– Muy dependientes de los adultos.
– Pocas habilidades sociales.
– Actitud sumisa o, lo contrario, de desobediencia.
En una sociedad como la actual los problemas de ansiedad son cada vez más frecuentes y esto también se traslada a los niños, niñas y adolescentes. La ansiedad en la infancia puede ser muy limitante y ocasionar graves problemas, no solo al niño o a la niña, sino a toda la familia.
Algunas señales de alerta de que tu hijo/a está experimentando ansiedad son:
– Preocupaciones excesivas por diversos motivos (por ejemplo, no tener éxito en las actividades escolares, salud y bienestar de familiares, aceptación de sus compañeros o molestias físicas que le lleven a pensar que está enfermo).
– Dificultad para concentrarse.
– Fatiga o cansancio.
– Irritabilidad frecuente.
– Problemas para dormir.
La depresión tiene importantes repercusiones en el desarrollo personal del niño y adolescente, en su rendimiento escolar y en sus relaciones sociales. En adolescentes la depresión se ha relacionado con abuso de alcohol y drogas, conductas delictivas y agresivas, y problemas de alimentación, entre otros problemas. Es además uno de los factores de riesgo principales para el suicidio adolescente, que ha aumentado bastante en los últimos años.
Por eso es tan importante que como padres sepáis detectar las señales que vuestros hijos os mandan si están sufriendo depresión:
– Pérdida de interés o de placer por actividades que antes le gustaban mucho.
– Estado de ánimo irritable o triste la mayor parte del día.
– Pérdida o aumento significativo de peso.
– Problemas de sueño (en exceso o por defecto).
– Cansancio y fatiga.
– Pérdida de concentración.
– Baja autoestima o desvalorización.
– Pensamientos o ideas de muerte o intentos de suicidio.
La autoestima en la infancia es clave en todo su desarrollo posterior, ya que de ella depende la forma en que se relacionan con otras personas, la seguridad que tienen en ellos mismos, la confianza que depositan en los adultos de referencia, su forma de aprendizaje y, en definitiva, el valor que se atribuyen a ellos mismos.
Algunas claves para reconocer una baja autoestima en la infancia son:
– Miedo exagerado a equivocarse.
– Actitud crítica consigo mismo.
– Perfeccionismo y autoexigencia.
– Temor a no agradar a los demás.
– A veces actitud desafiante y agresiva como mecanismo de defensa.
– Emoción predominante de tristeza.
Las dificultades de aprendizaje son un grupo variado de problemáticas, caracterizadas por la incapacidad para adquirir ciertos conocimientos o habilidades. Estas dificultades suelen relacionarse con las capacidades de leer, escribir, entender, razonar o calcular matemáticamente.
Algunos de los indicios más representativos suelen ser los siguientes:
– Dificultades para comprender o interpretar instrucciones, o para entender lo que lee.
– Dificultad para concentrarse.
– Dificultad para recordar lo que le han dicho.
– Dificultades en la escritura, la lectura o la comprensión numérica.
– Pérdida u olvido de pertenencias personales o material escolar.
– Hostilidad o reacciones agresivas ante la realización de tareas escolares.
Últimamente estamos escuchando mucho esta palabra inglesa que significa acoso. Cuando un niño, niña o adolescente es acosado en la escuela queda muy dañado a nivel psicológico porque los demás le hacen sentir indefenso e incapaz en muchas ocasiones de pedir ayuda por miedo a que los demás no lo entiendan o incluso que puedan culparle a él o a ella de la situación.
En estos casos se produce una relación desigual de poder en la que normalmente uno está solo (víctima) y otro cuenta con un grupo que lo apoya (acosador), por lo tanto, se parte de una relación que de base es injusta y mucho menos tolerable.
Para ayudar a que nuestros hijos dejen de sufrir bullying en el colegio o instituto debemos fijarnos en las siguientes señales:
– Descenso del rendimiento escolar.
– Síntomas psicofisiológicos como malestar general, cansancio, sensación de ahogo, nerviosismo, etc.
– Dificultades para dormir, incluidas pesadillas.
– Sentimientos de culpabilidad.
– Baja autoestima.
– Aislamiento social.
– Alerta continua.
– Faltas constantes al colegio por diversos motivos o negación a acudir a él.
– Miedo a quedarse solo o sola.
Las habilidades sociales son el conjunto de conductas y actitudes que permiten una buena interacción con los demás. Algunas de estas habilidades sociales son la empatía, el respeto, la escucha activa, el asertividad, la cooperación, la comunicación y la negociación.
Estas habilidades se comienzan a adquirir en la infancia y se van desarrollando paulatinamente con el tiempo; por este motivo, es normal que los niños puedan experimentar dificultades puntuales en este ámbito. Sin embargo, cuando estos problemas son persistentes y continuados, posiblemente el menor necesite ayuda para mejorar sus relaciones sociales.
Algunas señales de alarma en este sentido pueden ser:
– Timidez excesiva.
– Baja autoestima.
– Tendencia al aislamiento.
– Dificultad para controlar sus emociones.
– Dificultades comunicativas.
– Miedo constante.
Dentro de estos trastornos se incluyen diferentes problemáticas, aunque los más comúnmente conocidos como trastornos del desarrollo son los trastornos del espectro del autismo.
Para detectar que nuestros hijos presentan algún trastorno incluido dentro de este grupo debemos fijarnos en si presenta:
– Pobres destrezas en la comunicación socioemocional.
– Deficiencias en la comunicación no verbal.
– Dificultades para mantener y entender las relaciones con otras personas.
– Acciones estereotipadas o repetitivas.
– Excesivo cumplimiento de las rutinas e invariabilidad de las acciones habituales.
– Intereses repetitivos o fijos.
– Hiper- o hiporreactividad a los estímulos sensoriales.
En una sociedad como la actual en la que estamos rodeados de pantallas y de estímulos visuales cambiantes e interactivos es muy común que existan estas dificultades atencionales al salirnos de esta dinámica, sobre todo en los niños y adolescentes que pasan mucho tiempo con las nuevas tecnologías y a los que es difícil motivarles a hacer cosas de otro modo. En muchas ocasiones esta inatención va acompañada de impulsividad y/o sobreactividad motora, lo cual podríamos conocer como TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, pero también pueden darse cada uno de ellos por separado.
Algunos signos de alerta que pueden hacernos pedir ayuda para que nuestros hijos fijen mejor esa atención y puedan permanecer quietos, por ejemplo, cuando el profesor está explicando, son:
– Bajo rendimiento académico debido a la falta de atención sostenida, pobre concentración y mal funcionamiento de la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento.
– Problemas de comportamiento.
– Dificultades en las relaciones sociales.
– Pobre control emocional.
– Búsqueda intensa de sensaciones.
– Grandes dificultades para planificarse y organizarse.
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Carretera de Plasencia nº 18, bajo
10810 Montehermoso Cáceres, España
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